Hoy cambié de día, hoy el fondo del alma nace soleado, con nubes que se pueden espantar y monstruos de chocolate que alimentan al corazón. Nada me parece malo, nada es como ayer ni mucho menos como hace un año, nada se le compara a la felicidad instantánea y a la sonrisa constante que clavó en mis labios aquella tarde de otoño en que el cielo nos vio brillar uno contra otro.
Dejo de buscar motivos para perderlo, rebuscar entre los dolores de un pasado olvidado y vivo el presente como un regalo de alguien que se acordó de mi corazón, de que todos debemos tener una oportunidad para querer y ser querido.

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