El día parecía normal, común, igual a los demás.
Muchas veces me despierto pensando lo que hacer en el día que comienza, el primero y el último, tratando de ponerme una meta distinta por día, algunas con fines a corto y otros a largo plazo.
La cuestión es que hoy desperté mas temprano de lo normal, asomé mis ojos por las hendijas de la persiana y el sol todavía seguía durmiendo, estaba tan oscuro como cuando dormía, igual que si estuviera mirando hacia dentro.
El sol renació cuando ya estaba en la calle comenzando la rutina de una vez por semana, ni lo pude saludar del sueño que se venía encima mío, tenía los ojos más chicos de la cuadra.
La mañana me pasó por encima como si nada, las cosas estaban en orden por aquellos lugares que ya andaba extrañando. El viaje de vuelta fue lo mas placentero hasta ese momento, la hora de colectivo siempre me ayuda, aunque mas de mil veces me cuelgue mirando la nada, el horizonte tapado por los edificios, otras veces solo me dispongo a usar anteojos oscuros y mirar a la gente a los ojos, ver como actúan y como se mueven, no se si es que yo miro demasiado o que la gente ya dejó de ser detallista. Pero hoy no tengo pensado hablar de esto, algo mas importante pasó.
Sigo con mi meta...
La tarde no pensó en mí ni yo en ella, fue igual a la de la semana anterior, preparando unos mates endulzados me puse a pensar en la semana que empecé y en tantas otras cosas que no vienen al caso.
Ya era tarde y seguía pensando en que todo andaba bien, en que yo estaba dentro y las nubes fuera de mi lugar. Salí al patio a buscar unas cosas pensando el frío que debería hacer, de todos modos salí (por suerte). Todo tardó solo un instante, levanté mi cabeza para comprobar que el cielo estaba en su lugar, en realidad me gusta cada tanto mirar las estrellas. El cielo de hoy me llamó la atención, tanto frio y ni una sola nube, ni una sola estrella me esperaba, pero siempre hay algo mejor por llegar, la luna, hermosa y única estaba sentada con sus piernas cruzadas como esperándome. La vi y quedé sin palabras y por sobre todo me hizo recordar que siempre hay algo que nos cambia la rutina, algo mínimo que nos llama la atención y nos pone felices. Ella hoy me hizo escuchar música y pensar en la vida, en la gente perdida y en la soledad que me saluda cada día. Cuando está presente me llena de brillo, hoy me llevó a tu cuarto para saludarte, toqué tu frente y entendí todo, tomaste mi mano y a la calle salimos, miramos las estrellas que solo en nuestros ojos encontramos y volvimos a entrar.
Caí demasiado rápido, a esta hora me sigue doliendo, pero soñar cada tanto es bueno, siempre que sepamos tener los pies en la tierra.
Gracias amiga por dejarme verlo y por hacerme sentir bien en la rutina de una vez por semana.
El día ya terminó, hoy es mañana y seguramente el día será distinto al de ayer, ya veremos que sorpresa me tiene preparada, hasta luego, necesito mirar hacia adentro y volverte a tocar la frente.
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